| 14/OCT/
07
USA
LO QUE DIOS TE HA DADO.

RICK
WARREN
Dios
merece lo mejor de ti. Él nos formó
con un propósito y espera que explotes al máximo
lo que te ha dado. Él no quiere que envidies
ni te preocupes de las habilidades que no posees,
sino que te enfoques y uses los talentos que te ha
dado.
Cuando
intentas servir a Dios de maneras para las que no
estás formado, es como meter un cubo a la fuerza
dentro de un círculo, es frustrante y produce
resultados limitados. También es una pérdida
de tu tiempo, de tu talento y de tu energía.
La
mejor manera de vivir tu vida es sirviendo a Dios
de acuerdo a tu forma, para lo cual debes descubrir
tus dones, aprender a aceptarlos y a disfrutarlos
de modo que puedas desarrollarlos a su máxima
expresión.
Descubre
tu forma
La
Biblia dice: “No actúes desconsideradamente,
sino trata de encontrar y hacer lo que sea que el
Señor quiere que hagas” (Efesios 5:17,
BAD). No dejes que otro día se te vaya. Comienza
a encontrar y clarificar lo que Dios quiere que seas…
y hazlo.
Comienza
evaluando tus dones y recursos. Tómate un tiempo,
mira honestamente en lo que eres bueno y en lo que
no lo eres. Haz una lista. Pregúntales a otras
personas su opinión sincera. Diles que estás
buscando la verdad y no cumplidos.
Los
dones espirituales y las habilidades naturales son
siempre confirmados por otros. Si piensas que has
sido dotado para ser maestro o cantante, y otra persona
no está de acuerdo contigo, ¿qué
crees? Si quieres saber si tienes el don de liderazgo,
¡pues mira sobre tus hombros! Si nadie te sigue,
no eres un líder.
Haz
preguntas como estas: ¿Dónde he visto
frutos en mi vida que otras personas puedan confirmarlos?
¿En qué he visto que soy exitoso?
La
evaluación de tus dones espirituales y los
inventarios de tus habilidades pueden tener valor,
pero son limitados en su utilidad. En primer lugar,
están estandarizadas de manera que no cuentan
dentro de tu singularidad. Segundo, no hay definición
de los dones espirituales enlistados en la Biblia;
de manera que cualquier definición es arbitraria
y representa casi siempre un prejuicio denominacional.
“Por
cuanto nosotros mismos hemos sido moldeados en todas
estas partes, excelentemente formadas (...) sigamos
adelante y seamos aquello para lo que fuimos creados”
(Romanos 12:5, PAR).
La
mejor manera de descubrir tus dones y habilidades
es experimentando en las diferentes áreas de
servicio. Yo pude haber tomado cientos de exámenes
para determinar mis dones y habilidades cuando era
joven, y nunca haber descubierto que recibí
el don de la enseñanza ¡porque nunca
enseñé! Sucedió solo después
de que comencé a aceptar oportunidades para
hablar que vi más resultados, recibí
confirmación de otros, y me di cuenta de que
“¡Dios me había dotado para que
hiciera eso!”
Muchos
libros llegan a descubrir este proceso al revés.
Enseñan: “Descubre tu don espiritual
para que conozcas qué ministerio se supone
que tienes”.
Realmente
esto opera de manera opuesta. Comienza sirviendo,
experimenta en diferentes ministerios y descubrirás
tus dones. Hasta que realmente no te involucres en
el servicio, no sabrás para qué eres
bueno.
Tienes
docenas de habilidades y dones escondidos que no sabes
que los tienes, porque nunca los has puesto a prueba.
Así que te exhorto a que hagas cosas que nunca
antes has hecho. No importa cuán viejo seas,
te insto a que no dejes de experimentar.
He
conocido muchas personas que han descubierto talentos
escondidos a sus setenta y ochenta años. Conocí
a una corredora de noventa años que ganó
una carrera de diez kilómetros, sin descubrir
que disfrutaba correr ¡hasta que llegó
a los setenta y ochos años de edad!
No
trates de encontrar tus dones antes de enrolarte a
servir en algo. Simplemente, empieza a servir ya.
Descubre tus dones involucrándote en el ministerio.
Intenta
enseñar, dirigir, organizar, tocar un instrumento
o trabajar con los jóvenes. Hasta que realmente
no te involucres en el servicio, no sabrás
para qué eres bueno. Si no funciona, llámalo
“experimento”, no fracaso.
Eventualmente
descubrirás para qué eres bueno. Considera
las oportunidades y la personalidad. Pablo aconsejó:
“Haz una exploración cuidadosa de quién
eres y el trabajo que estás haciendo para que
entonces te sumerjas en él” (Gálatas
6:4b, PAR). Otra vez, esto ayuda a recibir retroalimentación
de quienes mejor te conocen.
Pregúntate
a ti mismo: ¿Qué es lo que realmente
disfruto hacer? ¿Cuándo me siento vivo
completamente? ¿qué es lo que hago cuando
pierdo la noción del tiempo? ¿Me gusta
la rutina o la variedad? ¿Prefiero servir en
equipo o por mí mismo? ¿Soy introvertido
o extrovertido? ¿Soy más pensador que
perceptivo? ¿En qué disfruto más,
compitiendo o cooperando?
Examina
tus antecedentes y extrae las lecciones que aprendiste.
Revisa tu vida y piensa en cómo ha sido formada.
Moisés les dijo a los israelitas: “Recuerden
hoy lo que han aprendido acerca del Señor a
través de sus experiencias con él”
(Deuteronomio 11:2, PAR).
Raras
veces vemos el buen propósito de Dios en el
dolor, el fracaso o la vergüenza mientras lo
vivimos. Cuando Jesús le lavó los pies
a Pedro, le dijo: “Tú no sabes ahora
lo que estoy haciendo, pero después lo entenderás”
(Juan 13:7). Solo en retrospectiva entendemos cómo
Dios usa los problemas para bien. Extraer las lecciones
de tus experiencias toma tiempo.
Te
recomiendo que tomes un fin de semana completo para
un retiro, y hagas una revisión de tu vida,
en la que puedas hacer un alto para que veas cómo
Dios ha trabajado en momentos decisivos en tu vida
y consideres cómo quiere que uses esas lecciones
para ayudar a otros.
|