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REPORTAJE.


Lo bueno y lo malo del horario de verano

¿Qué es y cómo se decidió aplicar el Horario de verano en México?
El Horario de verano (HV) es una medida que consiste en adelantar el reloj una hora durante la parte del año en la que se registra mayor insolación, es decir, en el periodo con mayor duración de luz solar, fenómeno que se debe a la inclinación del eje de la Tierra y su movimiento de traslación. Así, en junio se presentan los días más largos del año en el hemisferio norte, y en diciembre en el hemisferio sur.
Actualmente, 75 países aplican el Horario de verano, tanto en el Hemisferio Norte como en los Trópicos y el Hemisferio Sur. Entre las naciones tropicales que se han sumado a esta medida, se encuentran Brasil, Cuba y Haití.
En el caso de México, el HV logra reducir el consumo de energía eléctrica en la iluminación de más de 23 millones de hogares, sobre todo en las horas de mayor demanda de electricidad (en las primeras de la noche). Además, debe considerarse que esta reducción se da cada día durante los siete meses de vigencia del Horario de verano, al diferirse la hora de encendido de la luz, precisamente en las llamadas “horas pico”, cuando los costos para producir electricidad son más elevados, en razón de que la mayoría de los usuarios demandan energía eléctrica al mismo tiempo y se requiere poner en marcha todas las centrales generadoras del país, incluso las que normalmente no se usan debido a su alto costo de operación.
En este sentido, el HV reduce diariamente en una hora la demanda máxima de electricidad, lo que permite diferir las inversiones que deben realizarse para poder satisfacer las crecientes necesidades de energía eléctrica.
El Horario de Verano forma parte de un conjunto de esfuerzos de gobierno y sociedad, orientados a desarrollar una nueva cultura del ahorro y uso eficiente de la energía en nuestro país.
1996, primer año de aplicación.
En México empezó a aplicarse el HV en 1996, con base en un decreto del Presidente de la República, publicado en el Diario Oficial el 4 de enero de ese año.
Debe considerarse que desde los años anteriores a 1996, distintos sectores sociales y gubernamentales venían expresando la inquietud de instituir el HV por sus considerables ventajas, ya demostradas en muchos otros países.
Nuestro país contaba ya con experiencias previas en materia de cambio de horarios estacionales. Por ejemplo, el estado de Baja California aplica el HV desde 1942.
Por su parte, la península de Yucatán en 1981 y los estados de Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas en 1988 establecieron cambios de horario para aprovechar más la luz del día, aunque después de un año derogaron esta medida debido al desfase crítico que se presentaba en las correspondencias horarias con el resto del país.
Sin embargo, estos casos demuestran la inquietud que existía entre amplios sectores de la población, por procurar un mejor uso de la luz solar.
Mediante estas experiencias previas a escala regional y tomando en consideración los resultados logrados en muchos otros países que ya aplicaban el HV, se estimó que serían altamente favorables las ventajas que obtendría México al establecerlo en el territorio nacional.
Con esta perspectiva, cuando se buscó implantar la medida, se vio la necesidad de aplicarla de manera generalizada en el país, porque para que funcione adecuadamente y rinda los beneficios esperados, es preciso contar con la colaboración de todos y cada uno de los mexicanos.

Primeros estudios.

Fue a partir del año de 1992, cuando se llevaron a cabo las primeras reuniones de trabajo a fin de estudiar la conveniencia de establecer el Horario de Verano en México. Se puso de manifiesto el impacto benéfico de esta medida en todos los niveles y ámbitos: cuidado de la energía, ventajas relevantes en cuanto a los intercambios turísticos, aeronáuticos y financieros con nuestros principales socios comerciales en el extranjero, así como la conveniencia de disfrutar de luz natural en horas avanzadas de la tarde.
La pertinencia del Horario de verano en el país se evaluó técnicamente antes de proceder a su establecimiento. Los estudios preliminares realizados por la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) y el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (Fide) estimaron que la medida podría significar una reducción en el consumo de electricidad de 911 GWh, equivalentes al 1% del consumo nacional de ese año (1992). La exactitud de esta previsión ha sido comprobada durante los 8 años de aplicación del HV.
Cabe señalar que la decisión de adoptar en México el HV se tomó ante la necesidad de cuidar la energía, dado que la electricidad no es un recurso natural, sino una forma de energía generada mediante costosos métodos. En efecto, las plantas generadoras de energía eléctrica y las redes de transmisión y distribución de ésta requieren de enormes recursos no sólo para su instalación, ya que sus gastos de operación son también muy elevados.
Asimismo, es importante mencionar que durante los años previos al establecimiento del Horario de verano en nuestro país, se llevó a cabo una serie de análisis y consultas con líderes de opinión, así como encuestas a muestras representativas de la población nacional, para ponderar los beneficios que se obtendrían a través de esta medida, y evaluar qué tanto la aceptarían los habitantes. En total, se realizaron 1,644 reuniones con representantes de diferentes grupos sociales. Por su parte, las encuestas demostraron que, después de una breve explicación sobre las ventajas derivadas de la medida, 72% de los entrevistados estaban a favor de la misma.
Aunado a lo anterior, se recibieron 229 cartas de adhesión de diferentes organismos e instituciones representativas de distintos núcleos de la sociedad y del sector público que apoyaron el cambio de horario.

Inconformidades y dudas.

Durante los primeros cuatro años que se aplicó el HV por decreto presidencial, se manifestaron diversas inconformidades y dudas sobre los beneficios reales del programa, las cuales se agudizaron en el año 2000, en virtud de los grandes cambios políticos registrados ese año. Fue en ese contexto que la Secretaría de Energía solicitó a la UNAM realizar un estudio sobre los resultados del Horario de verano.
El 20 de septiembre de 2000, se hizo una presentación pública del “Estudio del impacto del Horario de verano en la sociedad mexicana”,
en cuyos trabajos participaron 70 instituciones y 122 profesores investigadores del Distrito Federal (46%) y de los diversos estados de la República (54%).
Para la realización del estudio, se acordó analizar el impacto del HV en 18 áreas de interés: agricultura, comercio, educación, energía, familia, finanzas, ganadería, individuo, industria, medio ambiente, medios de comunicación, salud, seguridad pública, telecomunicaciones, tiempo libre, transporte, y zonas fronterizas. Asimismo, se realizó una encuesta entre miles de personas de 416 localidades del país.
Los resultados del estudio de la UNAM demostraron que en ninguna de esas áreas el HV tenía un impacto negativo, sino más bien considerables ventajas en varias de ellas. Así, por ejemplo, se puso en claro que no afecta la salud, la seguridad o el aprendizaje de las personas y que, en cambio, conlleva considerables beneficios en lo relativo al ahorro de energía eléctrica en el sector doméstico, difiere inversiones en plantas de generación, contribuye a reducir los impactos ambientales y favorece las transacciones internacionales, telecomunicaciones y el turismo. Además, beneficia a millones de compatriotas de la zona fronteriza norte.
Sin embargo, las investigaciones revelaron que existía un problema de percepción entre la población, ya que cuando se implantó el HV, se hablaba del ahorro de energía en general y no quedó suficientemente aclarado que iba a ser poco lo que se notaría en la factura de cada usuario e, incluso, que no se reflejaría, en virtud del aumento gradual de las tarifas eléctricas, principalmente, entre otros factores. Además, buena parte de los entrevistados consideraba que era una medida impuesta por una decisión unilateral de la autoridad.

El HV se convierte en ley.

El 1° de febrero de 2001 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto presidencial que establecía que el HV se pondría en práctica del primer domingo de mayo al último domingo de septiembre (cinco meses), en todo el territorio nacional, salvo en los casos de Baja California (con duración de siete meses) y Sonora, que no aplica hasta la fecha la medida, por razones de su vecindad con Arizona, donde tampoco se modifica el horario durante todo el año.
Con base en los resultados de una consulta telefónica realizada el 24 y 25 de febrero de 2001, en la que participaron 239 mil 437 habitantes de la ciudad de México, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal emitió un decreto el día 26 de ese mismo mes, el cual establecía que la capital del país no modificaría “el huso horario vigente”.
Adicionalmente, el 5 de marzo de 2001, el Jefe de Gobierno planteó ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación una controversia constitucional respecto de la validez del decreto presidencial publicado el 1° de febrero del mismo año.
Fue el 4 de septiembre siguiente cuando La Suprema Corte resolvió que era competencia del Congreso de la Unión legislar en materia de husos horarios y horarios estacionales.
Por su parte, el Congreso de la Unión aprobó la Ley del Sistema Horario en los Estados Unidos Mexicanos, que se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 29 de diciembre de 2001.
Finalmente, el 1° de marzo de 2002 fue publicado el decreto por el que se establece el horario estacional (Horario de verano de siete meses) que se aplica cada año en México.
Cabe señalar que a partir de que el Congreso de la Unión legisló sobre husos horarios y Horario de Verano, han disminuido considerablemente las inconformidades con respecto a la medida, la cual se aplica desde entonces con toda normalidad.
Resultados del Horario de Verano.
Según datos estimados, en 2006 la medida significó para el país un ahorro aproximado de 1,150 millones de kilowatts-hora y una reducción en la demanda de electricidad de 1,025 megawatts.
Considerando el costo promedio del kwh doméstico a 95 centavos, los consumidores del país se ahorraron el año pasado mil cien millones de pesos.
El Horario de Verano también permitió diferir inversiones por 11 mil 275 millones de pesos en nuevas plantas de generación.
Al respecto, cabe recordar que más del 70 por ciento de la electricidad que consume el país es generada mediante combustibles fósiles, como son los derivados del petróleo, gas natural y carbón.
De ahí la importancia de aplicar medidas de ahorro de energía eléctrica, entre éstas el Horario de Verano, que contribuyen a la conservación de los recursos no renovables y la reducción de emisiones contaminantes.
En este contexto, debe destacarse que con la aplicación de esta medida se evitó en 2006 la quema de 2.5 millones de barriles equivalentes de petróleo en las centrales eléctricas y la emisión de 1.26 millones de toneladas de CO2, gas considerado el principal factor del progresivo calentamiento global, que se ha convertido en una preocupación mundial.
Estos datos son avalados conjuntamente por la Secretaría de Energía, el Instituto de Investigaciones Eléctricas, la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía y el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica.

Sobre el horario de verano (I)

Obligue a un hombre a levantarse a las cuatro de la mañana, y es más que probable que irá voluntariamente a la cama a las ocho de la noche, y habiendo dormido ocho horas, se levantará voluntariamente a las cuatro de la mañana siguiente.
—Benjamin Franklin, carta a los editores del Journal de Paris, 1784
(mirando su reloj) 7:58. Primera vez que llego temprano al trabajo. Excepto esos días que se adelanta el maldito reloj...
—Homero Simpson, Homero tamaño familiar en Los Simpsons. Episodio 135, temporada 7, noviembre de 1995
Nota:El texto original quedó bastante largo, así que para facilitar su lectura y publicación he decidido partirlo en dos. La primera parte es una introducción que incluye la historia del horario de verano, y la segunda son los comentarios a los argumentos del Movimiento Ciudadano No al horario de verano.
Una de las medidas más impopulares del sexenio de Ernesto Zedillo (1994-2000) fue el establecimiento en 1996 del cambio de horario entre el primer domingo de abril y el último domingo de octubre de cada año. La medida se hace bajo el supuesto de que el atardecer ocurrirá una hora más tarde respecto al horario civil y esa hora dará más iluminación natural y habrá menos necesidad de iluminación artificial, ahorrando electricidad y combustibles y disminuyendo la contaminación. El ahorro a estas alturas ya equivale al consumo anual de dos o tres estados pequeños, pero para la mayoría de las personas el mentado ahorro de energía no es notorio. Eso sí, las personas suelen quejarse de que están más cansadas durante el horario de verano, de que se desvelan, de que el horario de verano es "antinatural" y demás pretextos que desde mi muy humilde punto de vista no son más que nuestra atávica idiosincrasia saliendo a la luz.
Actualización al 06/04/2006: Héctor Coronado comenta, muy acertadamente, la causa principal del ahorro durante el horario de verano: con el desplazamiento de la hora civil, se desplaza también el inicio de la demanda máxima de consumo eléctrico. Esto disminuye el trabajo realizado por los generadores eléctricos, su consumo de combustible y la contaminación emitida por las plantas.
Muchos países del hemisferio norte han adaptado variaciones de su horario civil durante el verano con diversos propósitos. La idea de adelantar una hora el reloj durante el verano fue sugerida por Benjamin Franklin en 1784, en una carta al Journal de Paris donde exponía la necesidad de aprovechar la luz solar en el periodo boreal, que disminuiría el consumo de velas y podría reducir su costo para el invierno cuando sí se necesitarían. En 1907, el inglés William Willet propuso ir adelantando el reloj gradualmente durante la primavera y el verano. Un año después, el adelanto de una hora en primavera y su correspondiente retraso en otoño fue rechazado en la Cámara de los Comunes inglesa. Durante la Primera Guerra Mundial, se implementó el horario de verano en Alemania, Estados Unidos y algunos dominios del Imperio Británico para tener más luz natural y reducir la iluminación artificial como una medida de racionamiento de combustible para usarlo en la guerra. Tiempo después esta medida se volvería anual, y hoy en día muchos países en América del Norte y Europa practican este ajuste estacional. Estados Unidos ha estado cambiando el horario regularmente desde 1967, aunque Arizona e Indiana lograron ser exentas del horario (las legislaturas estatales conservaron el derecho de promulgar leyes contra el horario de verano).
En México parece haber un antecedente en un decreto de Pascual Ortiz Rubio, en abril de 1931, que incluía una variación estacional en los horarios establecidos por un decreto de cinco meses antes, en el que se establecía que el norte de Baja California pasaría al huso del meridiano 120, llamado hora del Oeste; Tamaulipas, Veracruz, Oaxaca y el resto del sureste se quedaría en el meridiano 90 u hora del Golfo; el resto del país pasaría al huso del meridiano 105, u hora del Centro. La modificación fue que entre el 1o. de abril y el 30 de septiembre, Baja California pasaría al meridiano 105, y el resto del país pasaría al meridiano 90; el resto del año se conservaría la división del decreto anterior. Este horario de verano desaparecería en 1942. En 1983, el gobierno local de Baja California solició al gobierno federal un horario de verano para su territorio, con el ya conocido periodo del primer domingo de abril al último domingo de octubre, que ha tenido desde entonces.

El horario de verano actual comienza en 1996, cuando Zedillo decretó el horario de verano para todo el país. En 1998, Chihuahua cambió su huso horario del meridiano 90 al meridiano 105 y Quintana Roo cambió su huso horario del meridiano 90 al meridiano 75 otra vez. Al año siguiente Quintana Roo fue devuelta al meridiano 90. En 2001, Vicente Fox redujo la duración del horario de verano en dos meses: del primer domingo de mayo al último domingo de septiembre. Después del dictamen de la Suprema Corte de Justicia sobre el horario de verano, la Cámara de Diputados lo aprobó en diciembre de 2001 con los plazos propuestos originalmente por Zedillo.
Los gobiernos estatales han intentado excluir a sus entidades de la aplicación del horario de verano. En 1999, Aguascalientes estableció un horario de verano "formal" y uno "virtual", que terminó en desconcierto entre la población y pérdidas económicas estimadas en dos millones de pesos. En marzo de 2001, el entonces jefe de gobierno del Distrito Federal Andrés Manuel López Obrador emitió un bando que excluía a su territorio del horario de verano (una medida de una estupidez monumental, dada la integración total entre el Distrito Federal y el Estado de México, que no suspendería el horario) y llevó el asunto hasta la Suprema Corte, que dictaminó que el establecimiento del horario de verano era facultad exclusiva de la Cámara de Diputados. En 2004, la legislatura local de Jalisco solicitó su exclusión, sin éxito. Sólo Sonora logró la suspensión del horario de verano por sus lazos comerciales con Arizona, que tampoco tiene horario de verano excepto en el territorio de los navajos.
La actitud popular respecto al horario de verano en México originalmente fue de rechazo pero ahora mucha gente lo ve como una molestia menor e inevitable. De acuerdo con una encuesta realizada en 2005, la mitad de la población de Guadalajara acepta el horario y la otra mitad no; tres cuartas partes de la población no le ven un beneficio; sólo el 5% reconoce un ahorro de energía significativo y seis de cada diez dicen que el horario de verano debe suspenderse. Al mismo tiempo, la mitad afirma que con el horario le rinde más el día y la mitad de los encuestados dice que no deben cambiarse los meses del horario de verano. De esa encuesta sólo podemos deducir que a mucha gente le resulta indiferente y como ya está lo aprovechan, o bien que los encuestados no supieron lo que contestaron.
A nivel nacional, se organizó un movimiento en contra del horario de verano, que lleva el creativo nombre de Movimiento Ciudadano No al horario de verano, que de aquí en adelante, para abreviar, será llamado el Movimiento Ciudadano. Sus representantes nacionales son los abogados Ricardo Enciso Aguilar y Fernando Cortés Contreras, de Guadalajara. Desde su formación han enviado peticiones a las legislaturas estatal y federal pidiendo la desaparición del horario de verano. Cada abril convocan a la ciudadanía a cada vez más deslucidas manifestaciones en contra del horario de verano. (En una aparición reciente en el programa de televisión local La Mentirosa, me pareció escuchar que Enciso declaró no cambiar su reloj durante el horario de verano.) Sus argumentos no han cambiado sustancialmente desde su formación.
En la próxima entrega, presentaré y analizaré estos argumentos. Antes de terminar esta parte, una crítica general a las razones técnicas del Movimiento Ciudadano que fundamentan su oposición.
Exageraciones
La argumentación de Ricardo Enciso y Fernando Cortés publicada en El Informador en 2001 está plagada de exageraciones y distorsiones. No sé ni puedo probar si estos errores son producto de ignorancia bienintencionada o desinformación voluntaria; yo quiero suponer que son confusiones involuntarias. Por ejemplo, el argumento técnico número 3 dice: "El año tiene 4 estaciones de 3 meses cada una. En todo caso el horario de verano debería de ser de 3, no de 5 y menos de 7 meses."
Esto revela un desconocimiento de los ciclos estacionales que es fatal para alguien que se opone al horario de verano. El nombre podrá estar mal, pero la idea está bien. Se le llama horario de verano porque pretende aprovechar los días largos cercanos al solsticio de verano, por lo que es correcto que el horario se extienda de, digamos, principios de abril a finales de septiembre, entre los equinoccios de primavera y otoño cuando el día dura más que la noche.
Otra exageración frecuente es la insistencia en periodos oscuros. Los argumentos técnicos 7 y 13 dicen respectivamente: "Como seres vivos, respondemos al estímulo de la luz solar. Hacer nuestras labores cotidianas a oscuras nos desfasa" y "Los altos funcionarios abogan por el cambio de horario porque no les afecta. ¿Qué tal si tuvieran que llevar a sus hijos a la escuela a pie o en camión a oscuras de la mañana?"
La idea que Cortés y Enciso transmiten es que el amanecer va a ser a las 12 horas del reloj o algo así. El horario de oscuridad no es mayor que durante el invierno. Si pueden realizar sus actividades cómodamente en las mañanas de invierno, deberían poder hacerlo en las mañanas del horario de verano.
Lea el texto completo en línea. Verá que las razones técnicas de Cortés y Enciso son una mezcolanza de verdades, prejuicios y errores que dejan muy mal parado a su Movimiento Ciudadano.

Sobre el horario de verano (II)

En esta segunda parte presento un análisis de los argumentos en contra del horario de verano expuestos por Fernando Cortés Contreras y Ricardo Enciso Aguilar. Antes de continuar, tal vez necesite leer la primera parte de esta serie sobre el horario de verano.
Argumento: el horario de verano está mal planeado
El conjunto de argumentos contra el horario de verano que me parece más coherente se basa en lo poco adecuado del horario de verano para México. La situación geográfica de México hace que el incremento de luz diurna durante el verano sea bastante reducido en comparación con los otros países de América del Norte y Europa. Durante el solsticio de verano, la duración máxima de un día mexicano es de algo más de 13 horas, dos horas más largo que la noche de ese mismo día. Con horario de verano ganamos más luz solar al atardecer, pero nos cuesta oscuridad adicional antes del amanecer, sobre todo al principio y al final del horario de verano. En torno al solsticio de verano, la hora civil del amanecer es igual a la hora civil del amanecer a finales de marzo y a principios de noviembre.
A esto se agrega el hecho de que por alguna razón, medio país está en un huso horario que difícilmente le corresponde. Desde 1942, todos los estados al oeste de Oaxaca y Veracruz se incorporaron al meridiano 90 cuando les correspondería (y de hecho les correspondió desde los primeros decretos sobre husos horarios en 1921) el meridiano 105; los casos extremos de Jalisco, Colima y Durango aumentan su horario casi dos horas respecto a su horario "natural" en abril, lo que según el Movimiento Ciudadano coloca a Jalisco en el huso horario de Florida, un "error técnico grave", soslayando el hecho que Florida también adelanta su reloj durante el mismo periodo. El Movimiento Ciudadano se rasga las vestiduras porque con horario de verano el sol se pone a las ocho de la ¿tarde? y el sol nunca sale antes de las seis de la ¿madrugada?, pero no dicen por qué eso está mal.

Argumento: no hay ahorro de energía

Relacionado con esto, el Movimiento Ciudadano nos dice que el horario de verano no representa un ahorro de energía real, porque la electricidad que ahorramos en la tarde la gastamos en la mañana porque nos levantamos más temprano respecto a la salida del sol. Esto parece de sentido común, pero la verdad es que pone en evidencia el caos conceptual del Movimiento Ciudadano del que se habló en la primera parte y hace dudar si esta gente realmente sabe contra qué está protestando. Porque si el periodo de luz solar es más largo que la noche a partir del equinoccio de primavera y hasta el equinoccio de otoño, el periodo de luz adicional es más largo que el periodo de noche adicional; como se expuso antes, el sol sale más o menos a la misma hora (civil) durante el solsticio de verano (con horario de verano) y durante el equinoccio de primavera (sin horario de verano). Eso es independiente de si el recibo se nos hace más barato o no.
En el norte, donde los equipos de aire acondicionado son comunes por las altas temperaturas, el consumo eléctrico aumenta por el uso de los mismos; se ha sugerido que el consumo eléctrico del clima artificial en los estados norteños sea mayor con horario de verano que sin él. Se supone que una de las principales razones de Arizona para oponerse al horario de verano fue precisamente ésa.
Con todo, con el horario de verano sí hay un ahorro de energía, pero no tanto. La pregunta es si este ahorro de energía vale la pena.
Argumento: el horario de verano es antinatural
El horario de verano es "antinatural", sea lo que signifique esto, y como todos sabemos que lo natural es bueno, las cosas antinaturales como el horario de verano son malas. Fin de la discusión. Di no al horario de verano.
La "falacia natural" merece un escrito entero, pero por ahora sólo piense en esto: ¿qué hay más natural que un huracán, un terremoto o un maremoto? Por lo tanto, como son muy naturales, deben ser buenísimos para las personas, ¿verdad? (Claro: el huracán Wilma fue buenísimo para los destinos turísticos del Pacífico mexicano.) No todo lo natural es bueno, y no todo lo artificial es malo; apoyar o no una medida administrativa basados sólo en su naturalidad es irracional.
Para hacer énfasis en la antinaturalidad del horario de verano, el Movimiento Ciudadano dice que en el campo las vacas dan leche según la salida del sol, y que las plantas crecen cuando reciben luz del sol. Absolutamente cierto. Sin embargo, uno no puede evaluar la conveniencia de un cambio de horario según el medio rural, porque la economía agropecuaria sí depende por completo del sol y de los ciclos estacionales, mientras que la economía industrial y de servicios propia de las ciudades, incluyendo a las ciudades que encabezan una zona agrícola o ganadera, necesita un horario artificial estandarizado para poder comerciar e interactuar con otras ciudades. (Para la ciudad, una aproximación poco rígida de las horas con la salida y puesta del sol es más que suficiente.) El campesino no necesita reloj para saber cuándo debe alimentar a las gallinas o regar los sembradíos, lo necesita para saber cuándo se abre el mercado o la tienda de refacciones en la ciudad cercana. Citando al Movimiento Ciudadano, "[p]ensar de otra manera es ignorar cómo opera el negocio".
El único "problema" en las ciudades son los niños pequeños, que al igual que los borregos y las lechugas dependen del ciclo natural del sol y no del ciclo artificial del reloj. Muchos padres protestan amargamente de lo locos que se ponen sus hijos con el horario de verano (o más bien, "con el cambio de horario", tanto en abril como en octubre), cuando el problema real no son los niños, sino ellos que quieren ajustar a sus hijos a cambios de horarios que no conocen ni entienden. Los niños están bien; son los padres los que tienen un desajuste mientras se acostumbran al horario. Esta "antinaturalidad" no significa nada.
Argumento: el horario de verano es dañino para la salud
Como el horario de verano es antinatural, también ha de ser malo para nuestra salud. Es cierto que nuestro metabolismo está ajustado a los ciclos de dia y noche y a los ciclos estacionales; estos patrones metabólicos son llamados ritmos circadianos (del latín circa dies, "alrededor de un día") y están integrados en el sistema nervioso central. Éste es el llamado "reloj biológico". El ritmo circadiano humano dura 25 horas, y debe ser constantemente "recalibrado" con la duración del día real. Es conocido que los ritmos circadianos son alterados por cambios bruscos en el horario, como un cambio de turno laboral o el movimiento a un huso horario alejado del original.
Entonces, ¿nos desajusta el horario de verano? Sí... durante tres días. Como ejemplo, la secreción de hormona adecorticotrópica (ACTH) tiene un periodo de actividad máxima aproximadamente una hora antes de levantarnos. Cuando cambiamos de horario, la secreción de ACTH inicia un proceso de ajuste que la lleva gradualmente a retrasar (o adelantar) una hora su momento de actividad máxima. Recuerde que de todas formas el ritmo circadiano está naturalmente desfasado; lo único que hacen los cambios de horario es aumentar un poco más el desfase, que para la mayor parte de los individuos se reajusta antes de una semana. Lo que nos lleva de regreso a los bebés: como ellos no saben leer la hora, no tienen forma de irse acostumbrando a un horario nuevo y por lo tanto su metabolismo no cambia de la forma en que lo hace el de sus padres.
La afirmación de los peligros para la salud humana del horario de verano, por lo tanto, no tiene fundamento.
Argumento: el horario de verano es inseguro
Otra afirmación del Movimiento Ciudadano es que se pone en riesgo la seguridad de los que tienen que realizar actividades temprano en la mañana, muy especialmente los niños en edad escolar. Según esto, los escolares y sus padres están expuestos a delincuencia e inseguridad por la falta de luz solar.
Esto es una exageración, porque muy poco crimen ocurre durante las horas cercanas al amanecer. Recuerde que durante los primeros y los últimos días del horario de verano se repite la situación de luminosidad natura propia del solsticio de invierno, y nadie dice que las mañanas de otoño e invierno sean particularmente más inseguras por la oscuridad.
Lo que sí es cierto es que los accidentes de tráfico sufren un ligero incremento los lunes posteriores a los cambios de horario. Esto es debido al desajuste metabólico que la mayoría arrastramos durante los primeros días de los cambios de horario y que no permite que los conductores se concentren adecuadamente. Una vez que las personas se han acostumbrado al horario nuevo, los accidentes regresan a sus tasas normales; hay estudios que sugieren que los accidentes de tráfico durante la tarde disminuyen durante el horario de verano a consecuencia de la mayor luminosidad durante horas pico. En este aspecto al menos, el horario de verano proporciona mayor seguridad.

Argumento: el horario es una imposición del gobierno

El horario de verano es la última de las malvadas imposiciones dictatoriales, autoritarias y fascistas de nuestro malvado gobierno dictatorial, autoritario y fascista, junto con el peso, el sistema métrico, las Normas Oficiales Mexicanas, la lengua española y el Canal de las Estrellas. Por eso la población debe levantarse en armas para derrocar al mal gobierno el primer domingo de abril.
Ya en serio, tendemos a sospechar de cualquier cosa que venga del gobierno y no nos parezca evidentemente útil o disfrutable. Es el caso del horario de verano, que como no nos brinda un beneficio obvio, ha de ser alguna corruptela del gobierno o parte de alguna política basada en intereses inconfesables. Más cuando la imposición viene del gobierno federal.

El Movimiento Ciudadano afirma:

Las medidas económicas circunstanciales que afectan a la población deben ser consultadas con la sociedad. En el Distrito Federal se actuó con sensibilidad al pedir opinión a los habitantes de la ciudad. [declaración de Cortés y Enciso, 2001]
Para evaluar esta afirmación hay que tratar de temas de opinión pública y política que exceden con mucho el propósito de este escrito. Sólo diré que nuestro derecho a la opinión depende de lo que sepamos sobre lo que estamos opinando; nadie tiene derecho a decir disparates y ser tomado en cuenta en las políticas públicas. No parece ser el caso que el Movimiento Ciudadano sepa en realidad a qué se está oponiendo. Respecto al Distrito Federal, eso es más demagogia que otra cosa: como dije en la primera parte, tener horarios diferentes entre el Distrito Federal y el Estado de México sería suicida para el Valle de México.
Lo que causa más escozor entre los opositores es que consideran al el horario de verano como muestra de sumisión ante los Estados Unidos y los mercados internacionales. En efecto, los principales beneficiados del horario de verano son los que hacen negocios con Estados Unidos, Canadá y Europa. Esta sincronización de los negocios con Estados Unidos fue lo que llevó a Baja California a adoptar el horario de verano en 1983, a Chihuahua a pasar a otro huso horario en 1998 y a Sonora a rechazar el cambio de horario. Desde el punto de vista económico, los estados fronterizos con Estados Unidos son los principales beneficiados con el horario de verano. El horario de verano a lo mejor aumenta nuestra dependencia de Estados Unidos, pero con 20 millones de mexicanos allá manteniendo a flote la economía aquí es difícil ver cómo prescindir del horario de verano va a hacernos menos dependientes de la economía estadounidense.
Por lo politizado de este argumento, es muy difícil llegar a una conclusión objetiva.

Conclusión

El horario de verano tiene un impacto más positivo que negativo en la economía y el medio ambiente, aunque las ventajas son bastante menores en México por su posición geográfica. La argumentación del Movimiento Ciudadano es muy pobre y está fuertemente basada en malas interpretaciones con poco sustento en la realidad, además de privilegiar una visión rural en un asunto que afecta sobre todo a los entornos urbanos.
Señor, señora, no reniege. El sábado antes del cambio de horario, ajuste su reloj, y el lunes después del cambio, relájese. La modorra que pueda sentir es temporal. En una semana ni se dará cuenta y estará como siempre.

Referencias

• Fabio A. García García, Cortometraje interno, en La Jornada, suplemento Lunes en la ciencia. México, 3 de abril de 2000.
• Horario de verano. Fideicomiso para el ahorro de energía eléctrica, México, 2005.
• Horario de verano. Comisión nacional para el ahorro de energía, México, 2005.
• Mulás, Pablo (coord.): Presentación del informe sobre el horario de verano, versión estenográfica. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2000.
• Humberto Piza, "¿Ahorro energético?", en La Jornada, suplemento Lunes en la ciencia. México, 3 de abril de 2000.
• La tormenta del horario de verano en El Informador. Guadalajara, 16 de marzo de 2
Referencias
• Daylight saving time, en WebExhibits. WebExhibits, 2006.
• Encyclopedia Britannica, edición CD-ROM. Encyclopaedia Britannica Inc., 2002.
• Enciclopedia de México, edición CD-ROM. Barsa-Planeta, México, 2004.
• Estudio de percepción ciudadana sobre el horario de verano. Centro de Estudios de Mercadotecnia y Opinión. Guadalajara, enero de 2005.
• Benjamin Franklin. Carta a los editores del Journal de Paris, 1784.
• La tormenta del horario de verano en El Informador. Guadalajara, 16 de marzo de 2001.






 

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