COLUMNA ROTAFOLIO
A sus 10 años, los retos del Canal del Congreso
¿Por qué será?

Por. Javier Corral Jurado
Por inexplicables razones, estos días se repite un yerro histórico que ya había sido aclarado: la data exacta del nacimiento del Canal de Televisión del Congreso de la Unión, quizá uno de los instrumentos más concretos que para garantizar el derecho a la información se han construido desde que esta obligación para el Estado se incorporó en la Constitución. Hoy se dice que se celebran ocho años de su existencia exitosa, fructífera, cuando en realidad se han cumplido 10 años desde que inició transmisiones, marzo de 1998.
Más allá del empeño que busca diferir la fecha de su lanzamiento, lo cierto es que el Canal de TV del Congreso se ha convertido en una institución relevante para la vida de la Nación, y no se diga, para la vida parlamentaria y el quehacer legislativo del Congreso Federal: está tendido como nunca un puente de comunicación directa y permanente con el sistema de la representación nacional que actúa como rendición de cuentas y observatorio ciudadano, en el que los legisladores no sólo exponen, sino se exponen. El Canal legislativo cumple así un auténtico servicio público.
Desde su primer director, Virgilio Caballero, pasando por Guillermo Montemayor, y ahora con Leticia Salas que al cumplir un año al frente ya acredita un trabajo sobresaliente, el Canal del Congreso demuestra que los medios públicos pueden ser una de las medidas estratégicas más importantes del Estado para equilibrar el actual sistema de medios de comunicación electrónica, predominante su carácter comercial y altamente concentrado en unas cuantas manos. Tan o más importante como una nueva legislación que amplíe la oferta comunicacional de los particulares en el país, sería la decisión de ampliar la red de canales de televisión y estaciones radiofónicas de carácter público, y lograr un auténtico contrapeso a ese modelo comercial que reproduce en esta época como nunca antes la más sofisticada de las censuras, señalada por Pierre Bordieu, la de “ocultar mostrando”.
La Televisión comercial mostró el debate en el Senado de la República sobre la reforma energética, pero ocultó sus verdaderos contenidos. No sólo por la estrechez de la cobertura, el escaso tiempo concedido a los distintos ponentes, sino por el enfoque sesgado de sus informaciones. Si se difuminó la imagen del Presidente del Senado al mostrar el presídium que conducía los debates, que podíamos esperar de la edición y los enfoques en las noticias.
No es una sospecha. Eso se puede determinar hoy con toda precisión porque, en contraste con lo que hizo la Tv comercial, el Canal del Congreso transmitió íntegros los foros, 132 horas de discusión, propuestas, críticas. Luego se retransmitían de forma inmediata el mismo día por la noche. Se organizaron 18 resúmenes de 30 minutos, y once mesas de análisis. Una simple comparación entre las transmisiones del Canal del Congreso y lo que difundieron los noticieros estelares de Tv Azteca y Televisa, nos da cuenta de la manera en que la televisión ocultó lo fundamental a ese debate, mostrando lo insubstancial.
De ahí que uno de los retos que tiene el Estado sea fortalecer y ampliar sus medios públicos, y el Congreso su propio Canal. Es paradójico que el Canal del Congreso no sea hoy una señal abierta con repetidoras en las principales ciudades del país. Y resulta absolutamente revelador del nivel de descomposición política que habita en las Cámaras del Congreso, que sean algunos de los principales coordinadores parlamentarios los primeros que se oponen a hacer de acceso gratuito la señal congresional. ¿Por qué será?.
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