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Chihuahua: Fuegos bajo el Agua"
La mirada múltiple de García Chávez


POR.JOSÉ WOLDENBERG
 
Chihuahua: fuegos bajo el agua* es ante todo un libro militante, una recopilación de artículos fechados. Militante en el mejor sentido de la palabra: de quien conoce las potencialidades del quehacer político y desea ofrecer un horizonte y una ruta, que sabe que es necesario construir diagnósticos para eventualmente contar con recetas, que alejado del pragmatismo ciego (tan expansivo en nuestros días) y de las ocurrencias efectistas, apuesta a que la política racional, ilustrada, pueda y deba rendir frutos. En ese sentido es heredero de las corrientes ilustradas de izquierda.
Pero son además textos que abarcan un arco temporal amplio y elocuente, de 1992 a 2007, quince años de la vida política en Chihuahua (y nacional) que resultan altamente significativos. Desde aquellos generados en la coyuntura electoral donde Jaime García Chávez fue candidato a la gubernatura por el PRD hasta un breve intercambio epistolar con el actual gobernador, pasando por documentos partidarios o intervenciones como diputado local. Se trata de un trayecto político-intelectual que sin duda servirá para documentar los afanes de la izquierda en Chihuahua, pero también para recrear los cambios de énfasis y perspectivas propias de una auténtica biografía intelectual. Porque no fue igual el discurso y la actitud de García Chávez y el PRD en la contienda del 92, que durante el primer gobierno del PAN encabezado por Francisco Barrio, que ante la “regresión” que dice significó el de Patricio Martínez, o durante los primeros años de la actual administración.
¿Cómo comentar una oferta tan amplia? Arranco quizá con lo más elemental que no deja de ser fundamental.
1. Destaca la idea de la pertinencia y la necesidad de la política. En épocas de profundo desencanto hacia los partidos, los políticos, los parlamentos, de “crisis de las ideologías”, de vaciamiento de sentido de la propia actividad política, García Chávez sabe y reivindica que esa práctica es insubstituible si deseamos construir una sociedad más habitable, más justa, más democrática.
2. Pero el propugna por una política específica, de izquierda, capaz de poner en le centro de sus preocupaciones la aspiración democrática pero también la de la equidad. Dado que su accionar transcurre en un país profundamente marcado por la desigualdad y la pobreza, por la falta de crecimiento económico y por las inercias que construye una sociedad escindida, es menester rescatar un horizonte y unos instrumentos que ayuden a revertir esas flagelantes realidades.
3. Destaca su compromiso con la vía pacífica del quehacer político. La convicción de que las armas no pueden, en la coyuntura mexicana, sino generar males mayores. Dos textos informas de esa posición: “Primeros vientos”, en donde reconstruye el ambiente político cultural que llevó a “los combatientes encabezados por Arturo Gámiz y Pablo Gómez” en 1965 al asalto al cuartel de Madera. JGCH es comprensivo de las causas que motivaron la apuesta guerrillera, pero afirma con contundencia que “ser revolucionario ahora no es, de ninguna manera, buscar un suicidio honorable o ir al encuentro de una tragedia voluntaria”. El otro, “Chiapas: rebeldes con prisa”, de nuevo recrea el ambiente que puede explicar el levantamiento del EZLN en 1994. Pero una cosa es explicar y otra justificar. Escribió: “La cuestión chiapaneca hace urgente el tránsito a la democracia. 1994 es la oportunidad… para vertebrar un cambio pacífico… en el que solo el voto de los ciudadanos sea sostén legítimo de la autoridad… Queremos que las elecciones del próximo agosto se realicen en paz, sin rebelión armada”. Se trata de “cambiar al país sin derramar más sangre”.
No era sencillo desde la izquierda y en aquella coyuntura criticar la vía armada dada la fascinación epidérmica que concitó. Pero con claridad, JGCH no sucumbió a ese pretendido encanto. Yo voy un poco más lejos: ha llegado el momento de reflexionar desde la izquierda en las que parecen las secuelas obligadas de la “vía armada”, porque desde la Revolución Soviética hasta la cubana, pasando por la china, la desembocadura ha sido la de estados dictatoriales en los cuales no hay lugar para la disidencia. Todo parece indicar que en todos los casos los medios acaban modulando los fines. Y que quien llega al poder a través de las armas difícilmente consentirá reconocer a otras como fuerzas legítimas.
4. El PRD es y ha sido minoría en el estado de Chihuahua, estado cruzado por un bipartidismo (PRI-PAN) muy arraigado. No comparto la idea de JGCH de un “bipartidismo de Estado”, no solo porque no tiene consistencia lógica, sino porque además no resulta útil para la acción política (El PRD fue en alianza con el PAN en las elecciones para gobernador del año 2004). No obstante, es de rescatarse el esfuerzo conceptual y analítico que cruza de principio a fin Chihuahua: fuegos bajo el agua. Un afán por abrir un campo para la acción de la izquierda en un ambiente adverso y difícil; polarizado y refractario –en buena medida- a sus iniciativas.
Tomo uno de los artículos que me parecen centrales del libro, “Régimen autoritario y problemas de la transición en México” (1994), para intentar fijar mis convergencias y diferencias con Jaime García Chávez. Se que resulta alevoso de mi parte, JGCH escribe cuando la transición estaba en curso (según yo, y él la veía como un programa), y yo lo hago ahora casi 13 años después. Y ya lo sabemos: todos somos más inteligentes a toro pasado. Pero creo que resulta útil para intentar fijar lo que es y no es esa noción tan maltratada.
Primero, las coincidencias.
a) Las transiciones a la democracia a partir de regímenes autoritarios o totalitarios son procesos singulares y no modelos a seguir. JGCH con razón polemizaba entonces con el deslumbramiento que en algunos generaba la transición española, y afirmaba, y con razón, que ni la historia ni los regímenes podían ser equiparados. Hoy podemos decir que mientras diferentes transiciones, por ejemplo, las de los países del este europeo o la española o portuguesa, requirieron pactos fundacionales –nuevas constituciones- la nuestra necesitó, dado que contaba con una constitución nominalmente democrática, de la construcción de un auténtico sistema de partidos y de un sistema electoral capaz de asimilar la pluralidad política existente.
b) La noción de transición en buena medida substituyó el paradigma de la revolución. En efecto, en los textos de JGCH está claro que la transición sería un proceso que no supone ni el desplome ni la destrucción del entramado estatal previo, sino la democratización del existente. Así lo escribe: la TD “ocupó el vacío dejado por los movimientos de izquierda y marxistas que carecieron de una visión democrática del Estado y sus regímenes”.
c) Por ello mismo podría y debería ser pacífico. Podría porque ya se oteaba el fin de un régimen de partido hegemónico, que no era capaz de ofrecer cauce a la pluralidad de fuerzas políticas que vivían y convivían en la nación. Y debería, porque la otra opción, la violenta generaría una cauda de sangre innecesaria.
d) Se trata de un proceso que avanza a través de reformas y no de la revolución, como realmente sucedió. Entre 1977 y 1997 México vivió seis reformas políticas (1977, 86, 89-90, 93, 94 y 96) que fueron de menos a más y que acabaron remodelando las normas y las instituciones electorales de manera radical. El resto lo han hecho los partidos en su accionar y los ciudadanos con sus votos.
e) No obstante, y lo veía con mucha claridad JGCH, “los procesos democráticos se desprestigian y pierden confianza entre la sociedad… si no se acompañan de transformaciones económicas para alcanzar la igualdad”. Y en efecto, hoy el PNUD alerta sobre la erosión de los germinales sistemas democráticos que existen en nuestro Continente, cuando las condiciones materiales de vida de los ciudadanos no mejoran e incluso empeoran.
f) Con nitidez JGCH subrayaba que era a través del diálogo y los acuerdos –con una actitud de moderación- como se irían edificando los eslabones del cambio democratizador. Ello merece subrayarse, porque no es extraño que se piense que izquierda es sinónimo de intemperancia.
g) Ya desde entonces JGCH estaba preocupado por un problema que hoy tiene más pertinencia que antes: el de la gobernabilidad democrática. Si en el pasado tuvimos mucha gobernabilidad (fruto de la pirámide autoritaria que se edificó a través del PRI) y escasa democracia, hoy que la pluralidad convive en las instituciones de la República, lo difícil resulta hacer avanzar las iniciativas de cualquier fuerza política, no digamos las del propio gobierno.
h) La clara conciencia de que la democracia requiere un sistema de partidos políticos. Sin ellos es imposible el procesamiento de intereses, los alineamientos ideológicos, las redes de relaciones permanentes que sustentan a las diferentes opciones. Y JGCH no se mimetizó en ningún momento a la moda anti partidos, tan fácil de alimentar (y los partidos en no pocas ocasiones contribuyen a ese desprestigio), pero tan corrosiva para aclimatar la convivencia democrática.
i) Me llama poderosamente la atención que el programa que esboza JGCH en 95, en muy buena medida se cumplió con la reforma de 96. Lo cito: “La reforma electoral a la que aspiramos (supone)… la autonomía total de los órganos electorales,… la equidad y transparencia en los gastos de las campañas… distritación democrática… acceso equitativo de todos los partidos y candidatos a los medios de difusión, especialmente electrónicos… respeto al derecho de los partidos a aliarse y coaligarse”. No se trata de todos los puntos, pero si de aquellos que en buena medida fueron acordados en el Congreso en el año 96.
j) Coincido con él además en su llamado a “consolidar la nueva cultura de la participación”. Puesto que el sujeto central de la democracia es el ciudadano, se requiere de una serie de operaciones políticas y educativas para que los mismos sean capaces de apropiarse y ejercer sus derechos. Sin ello, la democracia tiende a vaciarse.
Ahora bien, pero también hay diferencias.
a) JGCH desde el PRD discute con el PRD. Y el ensayo está fuertemente marcado por los resultados de la elección federal del 94. Dice: “El PRD apostó en ese año a un triunfo electoral opositor… que desencadenaría la democratización del régimen… Ese propósito se malogró por nuestra debilidad… (pero) Zedillo… gobierna con menos de la mitad aproximada de los votos y el vergonzoso apoyo del panismo. A la crisis actual deberá sucederle un sistema nuevo. Es aquí donde la tesis de transitar a la democracia cobra sentido”. Reitero: resulta sencillo ver el defecto de esa tesis 13 años después… pero en fin. Creo que se confundían los resultados electorales (coyunturales), con un proceso, el de la transición democrática, que ya había arrancado y que parecía imparable. Desde 1977, la espiral de elecciones más competidas y partidos políticos más estructurados no hacía más que crecer, y si la fecha a algunos les parece excesiva, bueno, se puede afirmar que a partir de 1988 esa misma espiral claramente iba en ascenso. Son esas realidades imparables, fruto de una sociedad en la que coexisten intereses, sensibilidades, idearios, plataformas políticos diversos, lo que derrotó al viejo formato autoritario de la política y edificó un escenario que hoy recrea de mucho mejor manera a la pluralidad.
Para decirlo de otra manera: para mi la transición democrática precedió a la alternancia en el ejecutivo federal, y no a la inversa, es decir, que el cambio en el gobierno abriría la etapa de la TD.
b) En su momento JGCH se preguntaba si “los círculos gobernantes de los Estados Unidos… permitirían una transición democrática”. Hoy creo que podemos decir que el factor internacional no fue relevante en el proceso de democratizador en México. Se trató de un recorrido modulado en lo fundamental por las fuerzas políticas internas.
c) Creía también que “quienes actualmente ejercen el poder en el país, como una cordial entente (PRI-gobierno, PAN, los grandes empresarios y banqueros, la alta jerarquía de la Iglesia Católica y los intereses norteamericanos), no están dispuestos a sentar, mediante pactos, las bases de una genuina transición democrática”. Mi tesis es que en 1996 los partidos y el gobierno, a través de una profunda reforma, concluyeron el proceso de transicional.
d) JCCH dice: “la democracia es incompatible con el modelo económico impuesto al país”. No. Si la democracia es un régimen de gobierno, ello admite muy diferentes opciones de conducción económica. Y en ese sentido no es incompatible. Sería tanto como decir que la democracia solo admite una política económica de tinte progresista, y no es así. Ahora bien, lo cierto es que como apuntábamos antes, el no crecimiento de nuestra economía aunado a las profundas desigualdades que cruzan al país, dificultan la reproducción de nuestra germinal y contrahecha democracia. Pero eso es distinto a negar que en democracia puedan desplegarse políticas de derecha.
No deseo terminar sin mencionar una serie de textos agrupados bajo el título de “ensayos culturales”. Estoy convencido que si la política no se articula de alguna manera con la cultura tiende a secarse, a convertirse en una actividad insensible frente a la complejidad de la vida. La amplia y diversa producción cultural enriquece la experiencia y con ello la existencia. Por ello los ensayos de JGCH sobre diversas figuras “de origen regional” no solo son un complemento de su visión política, sino quizá los ensayos que mejor lo develan y revelan.
Lo mismo se detiene en figuras consagradas (David Alfaro Siqueiros o José Guadalupe Posadas), que en un escritor (Remigio Córdova) o un caricaturista (Kabeza) para mi lamentablemente desconocidos. Revisa la obra de un historiador regional como Víctor Orozco o la de Daniel Espartaco en su crítica a la izquierda del siglo XX o la del periodista Alberto Carlos.
Se trata de ensayos sugerentes, agudos, penetrantes, pero sobre todo comprensivos de las miradas de otros, que desde sus muy variadas disciplinas tienden a acercarse a la coloración del mundo y sus múltiples e inacabadas contradicciones.
En suma, Chihuahua: fuegos bajo el agua, es una baraja múltiple que lo mismo sirve para aproximarse a la historia de la izquierda en Chihuahua, a polémicas puntuales y fechadas, que a escritos que le servirán al lector para ampliar su campo de visión.

 

 

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